Archive for 28 enero 2009

Blues del Siglo XXI (continuación) – La Cámara de Niebla, de Alfonso Xen. Rabanal
enero 28, 2009

(Viene de la entrada:
 https://davidmurders.wordpress.com/2009/01/13/blues-del-siglo-xix/)

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Unos días después…

 

 

Pero tras esas primeras páginas rápidas y rugientes como la voz desgarradora y alucinada de un HR (Bad Brains), o como ésta ilustración en la que Cusco Córdoba retrata al autor en acción…

 

rab 

 

 

…Tras estas páginas de aristas y tambores, digo, hay mucho más: está la novela: su construcción, su estructura; la historia y su narración. Y cambiará la voz, su modulación, para narrar en un tono más directo y sosegado, muy cercano, como cuando el bluesman deja de puntear y mira al frente para hablar a su interlocutor de otro modo, contando ahora cara a cara, con sosiego, la historia cuyo sustrato anímico ha musicado desatadamente.

Y volverá a puntear, y de nuevo a narrar, etcétera.

 

Además de suponer una demostración de fuerza y estilo literarios, estas primeras páginas se reconfiguran ahora en mi cabeza como un tour de force et violence cuyo objetivo me parece la afirmación vitalista del héroe –pienso en Henry Miller-, que, en este caso, debe recuperarse a sí mismo, rehacerse, siquiera temporalmente -pues de momento es un ser perdido y fragmentado- para poder contar la historia –reconstruirla y construirla- y recuperarse –reconstruirse y construirse- a sí mismo en el proceso, como un Ulises que sólo podrá regresar tirando del hilo de la increíble peripecia a la que le llevó la investigación, esa arriesgada búsqueda de conocimiento: una indagación de campo durante la que el héroe cayó atrapado en un bucle auto-referente –terminología del autor- al fundirse en la no-distancia con el objeto de su estudio, fenómeno que en psicoanálisis, nos dice el autor, se denomina transferencia, y al que Scott Fitzgerald, en El Crack-Up, se refiere así:

 

“Pero no me dejen sugerir que el cambio de un mundo más bien lleno de cosas a un relativo ascetismo era una Búsqueda Magnífica -yo sólo quería tranquilidad para pensar en por qué se había desarrollado en mí una actitud triste hacia la tristeza, una actitud melancólica hacia la melancolía y una actitud trágica hacia la tragedia- por qué había llegado a identificarme con los objetos de mi horror o compasión.

¿Parece una distinción sutil? No lo es; una identificación semejante supone la muerte de todo logro. Es algo como eso lo que les impide funcionar a los locos. Lenin no soportó voluntariamente los sufrimientos de su proletariado, ni Washington los de sus tropas, ni Dickens los de sus pobres de Londres. Y cuando Tolstoi intentó tal fusión con los objetos de su interés, resultó algo falso y un fracaso. Menciono estos casos porque son los de los hombres que nos resultan más conocidos.”

 

En mi lectura, el punto álgido de esta auto-reconstrucción provisional preliminar, de esa supermineralización tóxica previa al inicio de la narración propiamente dicha, y que da lugar no al héroe, de momento, sino al superhéroe –pues esta novela, aun inscribiéndose en una tradición literaria clásica cuyo motivo principal es el viaje, desde la Odisea al Viaje al fin de la noche de Céline, asume una estética y una mitología cultural absolutamente contemporáneas-, es la imagen reconstruida, compactada y dura del Bufa –tal es el nombre del superhéroe oscuro al rescate– reventando violentamente lo que él denomina, por supuesto, un jiñadero.

 

Pero el Bufa, una especie de Mr. Hyde en palabras del propio narrador, vive en la energía pura del instinto, en la parte oscura o sombra de la conciencia que se manifiesta y autoafirma en la embriaguez, liberándose así, por oposición, de la castración de la luz: la razón secuestrada e instrumentalizada en aras del sometimiento autorepresivo del individuo vía religión y materialismo. Es por ello que el personaje, el héroe completo (el Bufa + el escritor) de esta historia, decide situarse y construirse entre la razón y el instinto, entre la luz y la oscuridad, abriendo sus ojos hacia el camino de su propia construcción en un estado alterado de conciencia pero que ya transita de la noche al día: la resaca.

Es ese escenario crucial compuesto de contrarios –luz y oscuridad, en los términos más metafóricos- lo que se llamará la Niebla.

 

En mi opinión, y este es un cometario de carácter general aunque sugerido por el caso particular de esta novela, es a través del acto de la construcción de la historia, mediante la novela en este caso, es decir, a través del ejercicio de la ficción –puesto que todo contar una historia es construirla omitiendo y presentando unas cosas u otras y tomando partido, ejerciendo de este modo una voluntad moral que dice esto sí, esto no; esto es así y no asao; esto es lo bueno, esto es lo malo; este es mi camino, este no; esto es el bien, esto es el mal- como realmente se crea –palabra en la que no creo mucho-, no sólo en literatura o en otras artes, sino también en la vida, pues en el trance de todas esas elecciones, en ese campo de minas que son cruces de caminos, de contrarios, paradojas –terminología recurrente en Rabanal– es donde, tanto el héroe literario como el escritor, como la persona, conquista –en esta palabra creo más– la libertad al construirse -en esta también- aunque deba hacerlo, como el ave fénix, una y otra vez.

 

 

 

La parte central de la novela tiene un carácter más narrativo. En ella encontramos en realidad el origen de la trama argumental, la investigación que provoca la peripecia del héroe, pero también el origen de la historia que en el fondo se narra y que es la construcción de la identidad de un individuo, este segundo origen –primero en la cronología de la historia- lo sitúo en el capítulo titulado “El castigo del espejo”. Es en esta parte central de la novela donde, como apuntaba antes, la voz cambia para narrar de manera más sosegada y cristalina, sobre acordes más espaciados y conatos de incendio punteístico.

Todo cuenta la historia, la música y la letra. Pero ahora transcurren capítulos memorables como el tremendo y conmovedor “El castigo del espejo”, al que acabo de aludir, o el deslumbrante “Underpop”, en el que el héroe se agiganta para emplearse a fondo y vencer en su escaramuza metafísica a su antagonista, en la forma esta vez de la Catedral de León –la que “roba la luz”-, y tras el que es imposible no pensar -la alusión del título es evidente- en ese importante concepto cultural contemporáneo que Eloy Fernández Porta ha dado en llamar Afterpop.

 

 

Rabanal maneja muy bien los saltos temporales, no sólo de un capítulo a otro, también en el interior de ellos, y lo hace de un modo que llega a lo esquizofrénico (aunque logrando siempre darse a leer) cuando salta de un tiempo a otro en cada frase a un ritmo demencial (acortando las frases). Además, esos saltos se producen tanto en lo que respecta a la trama argumental que hila la novela como en la narración de la historia que en el fondo se cuenta: la construcción de la identidad de un individuo que debe integrar y armonizar para ello de algún modo la parte luminosa –Razón- y la parte oscura –Instinto- de su conciencia.

 

Llaman la atención otras técnicas, como la de narrar dos veces una misma escena de distintas maneras, superponiendo una a otra y siendo la segunda una especie de repetición a cámara lenta en la que el objetivo se acerca y se detiene en ciertos detalles. Una técnica parecida, aunque algo más compleja, a la que he visto en Nocilla Experience, de Fernández Mallo, y que Rabanal me confesó deudora de William Burroughs.

 

También es destacable el registro epistolar que Rabanal emplea a menudo, pues esta novela –que sin embargo no es una novela-blog- ha sido escrita en parte en un blog que en la novela figura y funciona como uno más de los escenarios que conectan al personaje principal con los otros personajes que se asoman a la Niebla.

 

Tampoco quiero dejar de consignar el envidiable uso del lenguaje del autor -que cuenta con una rica paleta léxica deudora de sus estudios e intereses: física, psicoanálisis, filosofía, anatomía, nuevas tecnologías, etc., pero que jamás utiliza con afectación sino estrictamente para lograr sus objetivos- que le permite amalgamar un registro culto con otro coloquial de gran plasticidad –uno de los rasgos de su estilo lo constituye esa amalgama-, y cuyo uso tampoco se desvía un milímetro del objetivo de novelar la historia, a lo largo de páginas y páginas de una prosa que toma forma desde el fondo y que se goza a sí misma en el placer de verse bella por dentro y por fuera en el espejo del lector aun metaforizando a partir de materiales que habitualmente resultarían soeces:

 

“ Todo está ahí, me digo, todo son unos putos círculos viciosos que nacen y mueren en un despertar entre la niebla de la resaca… Es mi máxima comunicación, una vez sellado el círculo con mi esperma que se va por la espiral (círculo virtuoso) del retrete, se lleva todos mis fluidos mezclados con lágrimas internas, duras, que no ven luz en el espejo que vuelvo a arañar y es entonces cuando la veo… está ahí… mis dedos la buscan en el reflejo… luce agrietada… la perfilan, la dibujan entre la niebla del vaho… sí… está ahí y parte de mí, y es una sonrisa… es entonces cuando empiezo a verlo claro, cuando todas las imágenes van cobrando un sentido en mi conciencia y conforman una realidad reconstruida cuyos retazos, estímulos blandos, penetran por mi percepción y confluyen en una sonrisa que dura…”

 

 

Por poner algún “pero”, hay un capítulo de título un tanto equívoco debido al lugar que ocupa en la estructura de la novela; y la parte que precede al desenlace, es decir, la parte final de la acción que transcurre en el museo, aunque comprendo que había que contarla, me pareció un tanto extensa y algo anecdótica. Tras esto llegan los capítulos finales y el excelente y novelesco desenlace.

 

Pero volviendo al centro de la novela, en él aparece un tema que me parece clave: el de la tiranía del débil. En mi opinión, y esto es algo que se puede extender al pulso de toda la novela, puesto que además ese tema planea bajo toda ella, Rabanal lo trata con gran honestidad, sin ocultarse y ajeno a cualquier ánimo, a cualquier pathos, cuyo fin no sea el de contar su historia.  

Nada hay más natural ni deseable que buscar el propio bien. Pero no es fácil, somos seres sociales; no estamos solos; no somos solos.

Efectivamente, la historia que está en el principio de la trama argumental y que aparece como un accidente o peripecia –la transferencia– en el transcurso de la aludida investigación, reproduce el tema de la tiranía del débil, asunto subyacente clave también en la novela Suave es la Noche de Scott Fitzgerald. Pero encuentro una diferencia fundamental y significativa: Rabanal extiende el tema de la tiranía del débil al statu quo social -por lo que quizá cabría hablar más propiamente de tiranía de lo débil-, erigiéndose así el personaje, aunque involuntariamente, en lo que él llama el calibrador de conciencias, es decir: el espejo molesto, natural y sarcástico al mismo tiempo, de las conciencias capitalizadas por el gran relato tácito y extorsionador del sistema capitalista en su actual estado, cuyo paraíso artificial, un nirvana marcial, no es otro que el consumismo.

 

Sin embargo, aquí no hay sitio para una crítica ideológicamente apoltronada y sí para una móvil: la aproximación de Rabanal está muy lejos de dogmas e izquierdismos de manual o políticamente correctos. También se cuida de situarse, de encajonarse, en una posición “alternativa” o “anti”. Lo que Rabanal hace es describir el panorama, con su propia terminología, con su propio sistema (como un Blake) y desde un punto de vista propio, pero sucede que, al hallarse el personaje –que es un escritor, un observador, un investigador- sumido en la corriente de la realidad social (retratada principalmente, aunque no sólo, desde la óptica del medio laboral), y sin participar de ella como aquellos que simplemente la viven, se convierte en ese espejo calibrador de conciencias en el que lo que se calibra en el fondo es nada más y nada menos que la libertad.

 

Tal libertad exige un paso previo: el individuo. Y en la novela, el atributo individual que motiva la caída social (y que paradójicamente será el detonante del regreso) del héroe, no es otro que el instinto, que, como de manera casual pero inevitable –podríamos decir que fatal, en el buen sentido de la palabra- encontrará una irresistible magdalena en la forma de un…

 

 

 

 

 

 

…en la forma de un…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

…en la forma de un…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

…de un…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

…culo.

 

 

 

Culo protéico, y no magdalena ni hamburguesa, que será el principio de la salvación, de la recuperación de lo perdido.

 

Culo mítico y sagrado que pertenecerá a un individuo -una mujer- que no ha perdido –más allá de su culo- el instinto.

 

Instinto aquí = Vida.

 

He ahí la historia de amor de esta novela humanista, madura e instalada por pleno derecho, es decir: por el hecho de ser lo que es y por ningún otro motivo, en el meollo de nuestra contemporaneidad.

 

 

Meatos (terminología de Rabanal). Eso es lo que hace falta.

 

 

 

 

 

 

Recomendaciones bilbainas varias
enero 22, 2009

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“Tres en uno. El camión de la poesía”, de Jon Andoni Goikoetxea

 

En primer lugar, la presentación mañana, viernes 23, en Madrid, del nuevo libro del perfopoeta de Lutxana, Barakaldo (si no me equivoco) Jon Andoni Goikoetxea (haz click para verle en acción), “Tres en uno” , “El camión de la poesía. La información me llega vía L.U.P.I.

 

 

Clic again para visualizar el flyer:

 

goiko-en-madrid2 (pero luego dale al botón de volver)

 

 

Más libros:

 

 

Lluvia, Hierro y Rock&Roll

La historia del Rock and Roll en el Gran Bilbao (1958-2008). De Álvaro Heras.

 

Un libro que me agenciaré en breve. Me dicen que está muy bien y, además, en la sección de los 90 figuramos brevemente (mencionados y en alguna de las entradas de conciertos que aparecen en el libro) los NewHell Citizens, o Ciudadanos de Nuevo Infierno, el grupo en el que toqué en aquella época (principios-mediados de los 90) con mis hermanos Juan y Vito y con Telle.

 

En ese libro hay, además, una sección especial dedicada a Eskorbuto, la banda de punk más relevante del Gran Bilbao tirando por lo bajo y con permiso de MCD.

 

 

Y siguiendo con el corpus bibliográfico eskorbutiano, el otro día descubrí el recomendable blog de Roberto Moso, músico y periodista, y cantante de los también históricos del punk vasco Zarama, procedentes, como Eskorbuto, de Santurce. Bien, pues Roberto Moso publicó hace unos años un libro llamado Flores en la Basura que estuvo durante una época en la red pero que luego desapareció y que, felizmente, vuelve a estar ahora disponible en su blog. En ese libro, que se lee de un tirón, hay un capítulo entero dedicado, de nuevo, a Eskorbuto. Flores en la Basura está exactamente aquí.

 

Jaili rekomendeibol.

 

 


enero 21, 2009

 

Nick Cave & the Bad Seeds, Lie Down Here (& Be My Girl), Dig, Lazarus, Dig!!!


enero 21, 2009

 

Nick Cave and the Bad Seeds, Hold on to yourself, Dig, Lazarus, Dig!!! (2008)


enero 19, 2009

 

The Cure, Other Voices, Faith (1981)

Blues del Siglo XXI
enero 13, 2009

xen

Alfonso Xen Rabanal por Cusco Vinalia

 

1.

 

“… todos los que se hayan visto inmersos alguna vez entre la niebla, se habrán percatado de que las imágenes que se visualizan se hacen desde una óptica externa y otra interna… desde el raciocinio y desde el instinto que, a veces, se alía con el primero para intentar descodificar esa imagen… Si descodificar es, según la rae, esa que en su afán de pulir a veces roe al raer el lenguaje vivo: Aplicar inversamente las reglas de su código a un mensaje codificado para obtener la forma primitiva de este… en la niebla se produce una paradoja pues, al intentar racionalizar una forma codificada de sombras para extraer su mensaje original, primitivo, nuestra parte racional echa mano de lo que queda en ese pozo oscuro en el que depositamos lo que creemos mierda en nosotros, y así, de la imagen primigenia, por ejemplo: un árbol agitado por el viento, al filtrarla por nuestro cerebro podemos acabar creyendo que vemos un monstruo agitando sus alas de ángel…”

 

 

2.

 

“Agua hirviendo… pienso en el agua hirviendo porque mis piernas empiezan a chapotear en la sangre que inunda la bañera… siento cómo la Niebla se va cerrando en mi cabeza, tengo frío, es un tembleque que no puedo parar, que contrasta con mi polla quieta, guiñapo que apenas cuelga, que era de sangre que sigue escupiendo, ahora gruesos goterones que estallan en la bañera como pirotecnia fractal…

… quiero reírme, descojonarme… sentir que me voy por ahí de una puta vez… por ahí: por el desagüe por el que me estoy yendo… En el fondo me gusta la situación, no quiero ir a urgencias, es esta una ciudad extraña, mañana curras, no quiero hacerte pasar la noche con este que gotea… me gusta… sólo pienso en cómo escribirlo… si salgo… si se infecta… no sé, ya lo pensaré… ya viví sin polla con ella, joder, siempre aparece pa joder… fuera, fuera… me gustas y me gusta ese papel higiénico que usas… suave, acolchado y muy absorbente… es la hostia, casi no he manchado nada, dos rollos, sí…”

 

 

3.

 

“… nada… aquí: donde no existe la ilación lógica: donde todos mis fragmentos te cantan…

 

Mi mirada se pierde en el pozo de los silencios cumplidos…

 

… y es cuando la cuerda se rompe y dibuja en tu espalda la distorsión del desgarro…”

 

 

4.

 

“… ya lo había vivido en la montaña, entre esa niebla espesa y perpetua, poco a poco vas interpretando las imágenes desdibujadas, te van contando una historia… esa que surge entre las grietas de la realidad, todas las cosas que miramos pero que no vemos, no asimilamos, no recordamos… y es una historia de fragmentos que he olvidado… y entre la niebla iban apareciendo como pantallazos de un pasado… y repasaba todos los detalles… hasta que apareció tu culo… un volantazo… una curva…

… y la soledad…”

 

 

 

 

Ayer por la noche empecé a leer La Cámara de Niebla, de mi amigo Alfonso Xen Rabanal. Tenía muchas ganas de leerle en libro. Llevo años leyendo su blog y con el tiempo he desarrollado una comprensión muy gozosa de su literatura. Pero esto ya es demasiado. Sentía cierta aprensión, miedo a que el libro me decepcionase. Con los libros de los amigos, ya se sabe…

Nada más lejos del destino:

 

Esos cuatro fragmentos de ahí arriba son sólo una muestra pequeña y no del todo representativa de las treinta y pico páginas que leí ayer por la noche.

Rabanal no habla del blues y pone temas de blues en su blog sólo porque le guste el blues como a otros les gusta el fútbol, por ejemplo: su estilo, su escritura, es altamente musical, sientes al leer que cada palabra y cada frase que llega ha sido tecleada con el gusto de tocar, con el mismo arrojo y compromiso físico y mental con que se pisan las cuerdas del mástil de una guitarra eléctrica; así, sobre una base rítmica de sílabas en la que a menudo aparecen las erres de roer, raer, degarrar, romper y follar, por ejemplo, Rabanal busca y encuentra la blue note, la nota del blues, levantando la cuerda cada dos por tres y por sorpresa, doblándose de repente sobre su barriga mientras puntea con las uñas con un estilo eléctrico, percusivo y salvaje que me recuerda más a Hendrix que a Robert Johnson, por su explosividad fractal, por el incendio que provoca en la mente, tocando incluso, literalmente, con la boca, hablando con todo el cuerpo mientras escribe, tirándose por el suelo, mostrándose calvo e impúdico, absoluto, rodando y rodándose a sí mismo en diversos escenarios físicos y metafísicos en una deriva armónica rampante, asesina en su ejecución, en la que saltan por todas partes chispas de sangre, semen, sudor, todo tipo de excreciones, y en la que todo tiene sentido y cohesión, es decir, armonía.

En su caso, la famosa frase de Blake el camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría, es rigurosamente cierta y se demuestra en cada uno de los textos que se suceden, apenas con solución de continuidad, como en una interminable jam session que es a la vez una road movie en la que asistimos al viaje existencial y absolutamente contemporáneo de un escritor hacia la esencia de su ser.

Crujidos óseos, roturas de frenillo, dientes que grindan aceras, accidentes de automóvil, bailes con muletas, se imbrican en el torbellino de imágenes alucinadas, escatológicas, alquímicas, en explosión, que se suceden en la Niebla.

Rabanal alarga la frase. Cuando crees que va a acabar viene otra más larga, y otra, y otra que da un giro que no te esperabas, y en ese momento de incertidumbre del intelecto en el que sientes algo parecido al miedo, como con Nietzsche, te descargas riendo. Te sobrecoge y te hace reír. Eso es muy grande. Ningún videojuego es capaz de hacerte vivir algo tan fuerte como esto.

 

Amigos, yo me vuelvo a la Cámara de Niebla. No es porque la haya escrito un amigo. Todos los otros libros quedan aparcados de momento.

 

Salud.

 

xen_rabanal_eclipsados

La Cámara de Niebla está editada por Editorial Eclipsados. Más información y pedidos aquí.

Sigue el comentario sobre el libro en esta otra entrada: https://davidmurders.wordpress.com/2009/01/28/blues-del-siglo-xxi-continuacion-la-camara-de-niebla-de-alfonso-xen-rabanal/

El placer
enero 11, 2009

 

Javi y Dani del zine literario Cruce de Caminos han tenido la amabilidad de hacerme desplegar el número dos del saxoducho fanzine. Muchas gracias J y D. Salinger. Hoy tengo el día tonto. Link a C de Cs.

 

Me acaban de salir unos granitos sobre el dorso de la base del dedo pulgar de mi mano izquierda. Me los veo mientras escribo. De vez en cuando paro, me arrasco un poco y sigo escribiendo.

 

Tenía pendiente anotar aquí también la vuelta de David González a la blogosfera. Este es su actual y único blog: Perdóname, pero te amo.

Se le echaba en falta.

En la primera entrada, David comenta que va a tomárselo con más calma con los blogs. Y es que es verdad: al final puedes volverte un esclavo de tus propios blogs en lugar de estar haciendo o escribiendo lo que te de la gana por ahí (o por aquí).

 

Y poco más.

 

Ahora leo más libros a la vez que nunca. Lo que no tengo es más tiempo que nunca. Entre otros (a veces, a menudo, hasta se me olvida que estaba leyendo alguno de ellos), estoy leyendo ahora: Homo Sampler, de Eloy Fernández Porta, La Fiesta del Asno, de J.F. Ferré, y Por favor mátame (la historia oral del punk), de Legs McNeil y Gillian McCain, traducido por Jaime Gonzalo. Éste es el que me tiene más enganchado ahora mismo.

 

Me miro los granitos sobre el dorso de la base del dedo pulgar de mi mano izquierda. Están empezando a remitir.

 

Estoy ocioso.

 

Y muy a gusto.

 

En paz o en calma. En calma chicha.

 

Bajo la vista y miro la forma que me hace la picha. No debería haber escrito esto.

 

Llevo unos pantalones nuevos.

 

Los granitos del dorso de la base del dedo pulgar casi han desaparecido.

 

Esto es una idiotez.

 

Me arrasco el muslo izquierdo.

Me arrasco un omóplato. Me pican los omóplatos bastante a menudo. Tengo que pasar la mano por encima del hombro, por dentro de la camiseta, y rascarme.

 

Espero.

 

Fumando espero aunque ahora no esté fumando.

 

Es como si yo hubiera nacido para vivir bien. Lo que más me gusta es vivir ociosamente y bien.

 

Me rasco la barba. También me pica la cara ahora. Ahora la sien. De nuevo el muslo. El otro omóplato.

 

Seeeee…

 

Estoy ocioso.

 

Bajo la vista y me miro el paquete.

 

Giro la cabeza y miro el paquete de tabaco, sobre la mesa.

 

Espero.

 

Me pregunto si podría escribir ahora mismo, aquí, a renglón seguido, un poema, un gran poema, quiero decir. Algo muy extraordinario que te dejase con la boca semiabierta, o con los ojos somnolientos, o con el cuerpo lánguido. O con el recuerdo.

 

El rostro sobre la mesa.

 

El brazo en la mesa también.

 

El culo en el asiento.

 

Los pies de cualquier manera.

 

Me rasco el pecho. Me rasco también, de nuevo, el omóplato, y la barbilla, y bajo por el cuello. Vuelvo al pecho.

 

Me gustaría estar desnudo y que alguien me pasase una esponja seca, una de verdad, no sintética, por el cuerpo, y que me la pasase exactamente por donde me da el picor a cada momento, sin que yo diga nada. Y apoyar el brazo y la cara en la mesa, y estar así un rato. Siendo exfoliado con la esponja. El culo en el asiento. Los pies de cualquier manera. Exfoliado por todas partes.

 

Me gustaría. Pero eso no va a ocurrir.

 

Porque estoy en un cibercafé petado de gente.

 

De gente.

 

Gente.

 

Gente.

 

Gente.

 

 

Algo así.

 

Así.

 

Así.

 

Por qué empecé a escribir.

 

 

De gente.

 

Gente.

 

Gente.

 

Algo así.

 

 

Slow

 

down.

 

Es decir:

 

 

Frena.

 

 

Que baje el pulso.

 

 

Que baje

 

el beat.

 

 

El pulso.

 

 

Algo así.

 

 

Tal cual.

 

 

Empecé a escribir por un solo motivo:

 

 

El placer.

 

 

Seeee…

 

 

 

 

 

 

 

 

My name is Luka
enero 8, 2009

 

Suzzane Vega, My Name is Luka

 

muertas