El placer

 

Javi y Dani del zine literario Cruce de Caminos han tenido la amabilidad de hacerme desplegar el número dos del saxoducho fanzine. Muchas gracias J y D. Salinger. Hoy tengo el día tonto. Link a C de Cs.

 

Me acaban de salir unos granitos sobre el dorso de la base del dedo pulgar de mi mano izquierda. Me los veo mientras escribo. De vez en cuando paro, me arrasco un poco y sigo escribiendo.

 

Tenía pendiente anotar aquí también la vuelta de David González a la blogosfera. Este es su actual y único blog: Perdóname, pero te amo.

Se le echaba en falta.

En la primera entrada, David comenta que va a tomárselo con más calma con los blogs. Y es que es verdad: al final puedes volverte un esclavo de tus propios blogs en lugar de estar haciendo o escribiendo lo que te de la gana por ahí (o por aquí).

 

Y poco más.

 

Ahora leo más libros a la vez que nunca. Lo que no tengo es más tiempo que nunca. Entre otros (a veces, a menudo, hasta se me olvida que estaba leyendo alguno de ellos), estoy leyendo ahora: Homo Sampler, de Eloy Fernández Porta, La Fiesta del Asno, de J.F. Ferré, y Por favor mátame (la historia oral del punk), de Legs McNeil y Gillian McCain, traducido por Jaime Gonzalo. Éste es el que me tiene más enganchado ahora mismo.

 

Me miro los granitos sobre el dorso de la base del dedo pulgar de mi mano izquierda. Están empezando a remitir.

 

Estoy ocioso.

 

Y muy a gusto.

 

En paz o en calma. En calma chicha.

 

Bajo la vista y miro la forma que me hace la picha. No debería haber escrito esto.

 

Llevo unos pantalones nuevos.

 

Los granitos del dorso de la base del dedo pulgar casi han desaparecido.

 

Esto es una idiotez.

 

Me arrasco el muslo izquierdo.

Me arrasco un omóplato. Me pican los omóplatos bastante a menudo. Tengo que pasar la mano por encima del hombro, por dentro de la camiseta, y rascarme.

 

Espero.

 

Fumando espero aunque ahora no esté fumando.

 

Es como si yo hubiera nacido para vivir bien. Lo que más me gusta es vivir ociosamente y bien.

 

Me rasco la barba. También me pica la cara ahora. Ahora la sien. De nuevo el muslo. El otro omóplato.

 

Seeeee…

 

Estoy ocioso.

 

Bajo la vista y me miro el paquete.

 

Giro la cabeza y miro el paquete de tabaco, sobre la mesa.

 

Espero.

 

Me pregunto si podría escribir ahora mismo, aquí, a renglón seguido, un poema, un gran poema, quiero decir. Algo muy extraordinario que te dejase con la boca semiabierta, o con los ojos somnolientos, o con el cuerpo lánguido. O con el recuerdo.

 

El rostro sobre la mesa.

 

El brazo en la mesa también.

 

El culo en el asiento.

 

Los pies de cualquier manera.

 

Me rasco el pecho. Me rasco también, de nuevo, el omóplato, y la barbilla, y bajo por el cuello. Vuelvo al pecho.

 

Me gustaría estar desnudo y que alguien me pasase una esponja seca, una de verdad, no sintética, por el cuerpo, y que me la pasase exactamente por donde me da el picor a cada momento, sin que yo diga nada. Y apoyar el brazo y la cara en la mesa, y estar así un rato. Siendo exfoliado con la esponja. El culo en el asiento. Los pies de cualquier manera. Exfoliado por todas partes.

 

Me gustaría. Pero eso no va a ocurrir.

 

Porque estoy en un cibercafé petado de gente.

 

De gente.

 

Gente.

 

Gente.

 

Gente.

 

 

Algo así.

 

Así.

 

Así.

 

Por qué empecé a escribir.

 

 

De gente.

 

Gente.

 

Gente.

 

Algo así.

 

 

Slow

 

down.

 

Es decir:

 

 

Frena.

 

 

Que baje el pulso.

 

 

Que baje

 

el beat.

 

 

El pulso.

 

 

Algo así.

 

 

Tal cual.

 

 

Empecé a escribir por un solo motivo:

 

 

El placer.

 

 

Seeee…

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios

  1. Me has hecho sonreir, me ha gustado mucho esto que has escrito David, creo que has dado en el clavo.
    Jo que envidia me das tú así y yo tan siempre currando…

    Aunque en el fondo me lo paso genial.

    Un abrazo,

    Estel J.

  2. Ensoñaciones mías, Estel. No creas todo lo que lees…, je, je.
    En cuanto a Mike Air, lo escribí hace muchos meses. Gracias por la felicitación de todos modos. La anécdota es ficticia, ni siquiera tuve unas Nike Air, es decir: miento más que hablo, pero sólo en la anécdota. Lo que subyace es todo cierto, tal como yo lo entiendo.
    Sobre lo que dices de la foto, me parece que no es en absoluto una cuestión de valor sino de contexto. Pienso que en el contexto de David Murders & the RoE es estéticamente adecuado y éticamente posible subir esa foto, es algo que tiene sentido en el contexto de mi poética, pero en otros quizá no. Es como con los géneros: en el contexto de una sátira se pueden decir cosas que no pueden expresarse de igual modo en un ensayo, por ejemplo. Con las poéticas ocurre lo mismo, pienso. Un tema crucial.
    Abrazo,

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