Felicidad física

Sus ojos, su cara, su boca entreabierta

Su olor, su peso, su temperatura exacta y yo

El olor de su pelo, el color de su piel

Sus ojos y preguntas, respuestas y propuestas

no expresadas en un halo o burbuja

estática, atómica, nucleica, proteica, onfálica, ostiadélica

Oh, sí… Allí y así…:

.

Ella giró y giró y fue a caer en mi regazo medio borracho,

medio borracho su cuerpo también

pero mucho más atlético

que el mío, que estaba más borracho y más hundido

.

mucho más hundido y caído

.

mucho más pesado y postrado

a causa de la estricta gravedad

y del paso estricto

de los años, los excesos, el cansancio, la desesperación

y el pasado en ruinas difusas

.

todo ello formando una mole de

toallas empapadas en agua tibia y luego fría

y aplicadas sobre un cuerpo tendido, postrado

en la cama de un hospital de campaña

perdido en la niebla del limbo para tratar

una fiebre maldita a un paciente

espectral, translúcido, casi muerto

.

y también enroscadas, azules, rosas

amarillas, húmedas, pálidas, decoloradas

empapadas, hechas un nudo las toallas

guardadas en una mochila invisible colgada

sobre mi húmeda, sobre mi

blanda, sobre mi

blanca espalda

y ese insoportable sentimiento

de dolor entumecido, de no poder moverme

en libertad, con ligereza, insoportable sufrimiento

de ser imposible saltar, correr, deslizarse, caminar

sobre las puntas de los pies, vibrar

soltar el cuerpo en bandera, ondear

en lo alto de un mástil, dejarse

ir con el viento y bailar

un ágil minué

.

Ella giró y giró y giró

y se diría que tuviera esa extraña, bendita

enfermedad que a movimiento atlético impele

Se diría, más bien, que ella fuera

un ser ligero y grácil, físicamente feliz,

como si hubiera sido tocada

por los dioses, por Mercurio, por

el grande mensajero del Olimpo

con ¡alas! en los pies

¡alas!, motherfucker, porque

giró y giró y giró y al caer

en mi regazo me abrazó

.

Enlazó los dedos de sus manos por detrás de mi gruesa cabeza

Rozó mi grasienta nuca con sus mágicas muñecas

Pulsó mis gordos omoplatos con sus firmes antebrazos

Rodeó mi mullido cuello con sus musculosos brazos

y como si me pusiera un

collar o guirnalda, dio

la bienvenida al Amor,

a un amor

enamorado, electrificado, pleno de pura pasión

brillante, fulgurante

en un rito privado e íntimo, detenido,

sólo dado; revelado allí y así.

.

.

Fragmento de “Felicidad física”, una pequeña muestra de lo mucho que tengo inédito.

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