Condición humana today

 

 

Una de las ideas que más me llamaron la atención cuando leí En el castillo de Barba Azul, de George Steiner, fue la de todos esos millones de jóvenes, generaciones enteras, que perecieron entre las dos guerras mundiales con la consecuencia, según el autor, de la pérdida neta, irreparable, de talento humano en todos los campos de la actividad humana y el consiguiente empobrecimiento para el desarrollo de las sociedades en las que vinieron al mundo.

He estado leyendo la introducción de Satanismo y brujería, de Jules Michelet, donde se habla un poco de la Inquisición. Según Michelet, la Inquisición española fue con diferencia la más aficionada a las hogueras y las torturas de toda Europa, aunque en la wikipedia (fuente no muy fiable, la verdad), aparecen unas cifras que desmienten esto y ponen a Suiza a la cabeza de los asesinatos por brujería. Michelet, historiador nacido en pleno triunfo de la Revolución Francesa, manifiesta su sorpresa al comprobar que, incluso los magistrados que sucedieron a los monjes y que despreciaban a estos, aun sin ser, según él, menos idiotas, actuaban de igual manera que aquellos en cuestiones de brujería, cuando en otros aspectos sus juicios parecían seguir el dictado de la razón. Esto tiene que ver con lo que pensaba Gombrowicz en torno a la Divina Comedia.

A mí me parece que todas las personas asesinadas por estos motivos, incluidos casos como los de un niño de 11 años en Bayona, según Michelet, no supondrán una cantidad de muertos proporcionalmente tan enorme como la que supusieron las debidas a las dos guerras mundiales; aunque no me fío de las cifras de la wikipedia y no he buscado otras (no son aquí tan relevantes como para que sea necesario hacerlo), hablamos de varios siglos (no sé qué es más espeluznante, por cierto, la carnicería precipitada o la sostenida durante muchas generaciones). Sin embargo, como es bien sabido, muchas personas de ciencia, como Galileo, tuvieron que vérselas con la Iglesia, so pena de abandonar este mundo, y algunos lo hicieron: abandonaron el mundo. Ahora bien, si entre los escritores de hoy en día se habla de atenuación (cortarse un poquillo), de lo políticamente correcto, etc., cuánto no estaría sujeta a atenuaciones y correcciones cualquier persona que se atreviese a hablar en público en aquellos siglos, cuánto no se vería el pensamiento libre compelido a encajar en el dogma político-religioso y cuánto esta obligación, necesaria para la supervivencia, no deformaría el pensamiento hacia todo tipo de formas elusivas de la verdad.

Si para sobrevivir -y ya no sólo en aquellas épocas, sino también en la posterior de construcciones nacionales y colonialismos, y en la de fascismos y totalitarismos- para estar entre los que triunfaron, hubo que ser esencialmente mentiroso y cobarde (pasivo), asesino, torturador, sádico (agresivo)…, en detrimento de lo libre y virtuoso, entonces… ¡qué clase de genes tengo yo dentro de mí!!! ¿Los de mentirosos y cobardes? ¿Los de asesinos, mentirosos y cobardes? ¿Los de brutos asesinos guiados por las más bajas y sádicas motivaciones?

¡¡¡Pero qué clase de evolución es esta, mamá!!!

 

 

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