2 poemas de Joan Brossa y un poco de charla

 

EL TIEMPO

Este verso es el presente.

El verso que habéis leído es ya el pasado
ha quedado atrás después de la lectura.
El resto del poema es el futuro,
que existe fuera de vuestra
percepción.

Las palabras
están aquí, tanto si las leéis
como si no. Y ningún poder terrestre
lo puede modificar.

 

 

 

 

DE VIVA VOZ

Los discos del gramófono
hacen que esté en circulación
la poesía recitada por los mismos
poetas. A mí también me parece,
claro está, que la poesía debe ser
leída en voz alta, o al menos
a media voz; quiero decir que es mejor
desempaquetarla de los libros, ¿no?

 

 

 

 

 

 

 

 

Poemas extraídos de http://www.eldigoras.com/eom03/2004/2/aire32job01.htm y pertenecientes a El Tentetieso (Trad.: Carlos Vitale)

 

 

 

 

Estos dos poemas de Joan Brossa pertenecen al libro El Tentetieso (El Saltamartí en la versión original en catalán). Este libro, en la edición de superbolsillo que hizo Plaza & Janés hace unos años, en traducción de Carlos Vitale, y a pesar de que contiene un verso que para mí casi lo jode todo, es uno de mis dos libros preferidos de poesía de todos los tiempos (por cierto, lo perdí hace unos años y está descatalogado, ¿si alguien sabe dónde puedo conseguirlo…?) Es este:

 

 eltentetieso_gran

 

 

 

 

El otro es Las Flores del Mal, de Charly B., pero también traducido, en este caso por Antonio Martínez Sarrión.

 

 lasflores

 

 

 

Aunque los dos autores eran bastante celosos de su condición de poetas –más Brossa, incluso, creo-, son lo que yo considero poetas impuros, es decir, poetas que están más cerca de la literatura (= arte), que de la poesía (= ?).

 

 

En el fondo de esta discusión siempre latente de si la poesía es literatura o no, de si la poesía es inteligencia o sentimiento (podemos recordar aquí la Filosofía de la composición, de E.A. Poe, seguido por Baudelaire, y esa voluntad de ambos de racionalizar su trabajo poético, de convertirlo en ciencia moderna, de convertirse en cuasi-máquinas, imbricar poesía y filosofía, y a su vez, la innegable presencia de sus conflictos emocionales y sus abismos existenciales), de si depende del trabajo o de la inspiración, de si se puede construir racionalmente o debe vomitarse desde el subconsciente, de si es una comunicación ficcional o pura, etc., etc., en el fondo de todas estas discusiones, decía, sólo hay una cosa: lo que YO aprecio por encima de otras cosas porque de verdad me conmueve o me hace gozar de alguna manera superior. Por lo demás, las discusiones teóricas me importan muy poco. Es ridículo pretender llegar a algo por ese camino, mediante la lógica y el lenguaje; lógica y lenguaje son como una pareja de amantes de plomo.

 

El goce que me procuran a mí estos dos libros es, sobre todo, estético. Se trata de la creación de algo, un objeto misterioso, apreciable, distinto ente los demás, o quizá del vaciado, tallado, desnudado de algo hasta conseguir ese mismo objeto precioso, lo que más que creación o construcción sería descubrimiento o reducción. Ese objeto exige una manera especial de mirarlo porque es algo nuevo, desconocido, oriental, iniciático, obtuso, insospechado, dislocador que atañe a la percepción y puede cambiarla, ampliándola. De lo contrario, su belleza es como la belleza de un humano con cabeza de chorlito; ocurre en este caso que no es una belleza plenamente bella porque carece de “personalidad” o adolece de una personalidad poco desarrollada por, por ejemplo, cobardía, es decir: carece de inteligencia propia.

Un libro, cualquier objeto artístico serio, debe tener también esa “personalidad”, pero no la del artista, sino la suya, de modo que, estando de vacaciones, desaparecido o muerto y olvidado el artista, siga tan vivo como, por lo menos, Robocop.

 

Por ejemplo, ese poema de Brossa, El tiempo, tiene para mí un peso monumental muy superior a cualquier escultura de Chillida, además de una ironía marinera que me mata.

 

¿Es poesía, arte, magia, un reloj?

 

Francamente, cariño, me importa un bledo.

 

 

 

 

 

 brossa

Brossa

 

 

 

 

 

baudelaire1

 Baudelaire (Este retrato suyo no lo conocía; lo descubrí hace poco en Internet)

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2 comentarios

  1. Te leemos David.
    Atentamente.
    Yo, por lo menos.

  2. Gracias, Leo. Yo también os quiero.

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