Nota bene (a propósito de lo que me sugieren algunas cosas que dice Derrida en la entrevista)

 

Aquí aún de lo que se trata es de una herencia europea que hay que conservar y transformar a la vez. Es lo mismo que digo en Voyous (Galilée, 2003), sobre la democracia como idea europea, que al mismo tiempo nunca ha existido de manera satisfactoria y que está por venir. Y en efecto usted siempre reencontrará ese gesto en mi mismo, del cual no tengo justificación última, excepto que soy yo, es ahí donde yo existo.
Estoy en guerra conmigo mismo, es verdad, usted no puede saber hasta que punto, más allá de lo que usted adivina, y digo cosas contradictorias, que están, digamos, en tensión real, que me construyen, me hacen vivir, y me harán morir. Esta guerra, la veo a veces como una guerra terrible y penosa, pero al mismo tiempo sé que es la vida. Yo no encontraré la paz más que en el reposo eterno. Sin embargo no puedo decir que asuma tal contradicción, pero sé también que es eso lo que me mantiene con vida y me lleva a plantearme la cuestión, precisamente, que usted recordaba: “¿cómo aprender a vivir?”.
Jacques Derrida (en la entrevista precedente)

 

 

 

Alguna vez he escrito en algún sitio que para mí lo nuevo está ahora mismo en el pasado. Quiero decir: ser absolutamente moderno, como postuló Rimbaud; encontrar lo nuevo, como rezaba Baudelaire, ya no es una cuestión de originalidad absoluta, de “crear” algo que nunca haya existido como mojón o hito nuevo en la Historia entendida como progreso o avance lineal, como I+D, incluso (esa idea que circula por ahí del I+D en literatura…), o como nueva estética “vanguardista” o “rupturista” que nos salvará del aburrimiento o el anquilosamiento (si nos ponemos a hablar de arte en general; pero aquí estamos sobrepasando esto para hablar de todos los órdenes de la vida). Que ya no se trata de eso, decía, que ser absolutamente moderno y encontrar lo nuevo hoy cosiste precisamente, en mi opinión, en volver la vista atrás, hacia la Modernidad (incluida la llamada Postmodernidad de la que aquella es el epicentro y que es nuestra cuna cronológica): en asomarse a leerla en la medida de nuestras posibilidades y desde nuestra experiencia del mundo de hoy; pero sobre todo en rescatar y reapropiarse los principios, retirar los velos o lo que queda de ellos (porque si en algo lo hemos estado haciendo bien, creo yo, es en la destrucción o devastación, o desbastación, especialmente en lo que respecta a la rémora del cristianismo); en rescatar todo lo bueno, los principios o fundamentos sobre los que más allá de la teoría, es decir, en la práctica, podemos vivir mejor; en dialogar con la tradición –es decir, leer en todos los sentidos a nuestros congéneres ya “pasados”- y en asumir, lidiar, tratar de solventar nuestra propia ignorancia del mundo y de nosotros mismos (quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos en este mundo, en la vida que estás viviendo tú) superándonos, creciendo, haciéndonos más honestos, cultos, inteligentes y libres: en una palabra, haciéndonos mejores. Ganándonos así el derecho de hablar. Y que conste que yo creo que una buena biblioteca (me refiero a un corpus de “textos” en cualquier soporte y compuestos en cualquier lenguaje artístico, música, etc., etc., inclusive, e incluyendo tus propios “textos” escritos o no escritos, es decir, tu propio pensamiento) no es una cuestión de cantidad sino de calidad.

 

Volver la vista hacia atrás no para reeditar modas pasadas, sino porque lo contrario me parece un deriva suicida en la que confluyen la inercia y “las putas prisas”, como dice Alfonso X. Rabanal, una trampa esquizofrénica en la que corren y trabajan para nada millones de encefalogramas planos en un vacío al que nos ha abocado el estado actual mecánicamente superacelerado pero absurdo, ciego, catatónico, del Sistema = Capitalismo.

 

Pero para quién escribo esto: ¿para escritores? ¿para no escritores? ¿para poetas? ¿para artistas? ¿para filósofos? ¿para políticos? ¿para profesionales liberales? ¿para empresarios? ¿para personas “normales”? ¿para los europeos? ¿para los vascos? ¿para mí?

 

Lo escribo para todo el mundo en la medida de sus labores, responsabilidades y posibilidades.

 

Creo que es evidente que ha llegado el punto en que ya nadie puede creer en el futuro como antaño, esto es: “alegremente”, que ni tan siquiera nadie puede pensar en el futuro, a secas, sin volver la vista atrás para ver qué es lo que está pasando. Creo que todos los contratos están rotos y que está claro que es así.

 

 

 

 

 

*De momento no tengo tiempo para buscar una manera de poner nuevas canciones en el blog, así que no voy a poder poner The Final Countdown de Europe. (Mierda!)

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