EL RESCATE (Un artículo de opinión de Jose Ignacio Lapido)

 

RESCUE me fue una canción interpretada por Fontella Bass que llegó al número 4 de las listas estadounidenses en 1965. En ella, la cantante de Missouri hacía pública su perentoria necesidad de protección: “Rescátame, tómame en tus brazos. Vamos cariño y rescátame, te necesito a mi lado. ¿No ves que estoy sola? Rescátame, toma mi mano y sé mi hombre…”. Pues bien, justamente ese es el inmarcesible estribillo que todos los bancos del mundo cantan hoy a coro: “¡Rescátame, rescátame!” Sin micrófono y sin minifalda. En inglés, en alemán, en noruego y veremos si en español. El destinatario de tal súplica no es el amante sino el padre. Como lo leen. Una petición que los discípulos de Freud deberían estudiar por sus incestuosas connotaciones. Los banqueros del planeta Tierra cantan canciones de amor a papá Estado.

Y luego hablan de sexo, drogas y rock and roll. Con esta crisis estamos siendo testigos de la más escabrosa perversión: un hijo libertino y vicioso -o hija: la banca- y un padre consentidor -el Estado- en improvisada coyunda.

Nadie duda que la avaricia desmedida está en el origen de este estropicio. Se crearon imperios financieros a fuerza de especular y al final el castillo de naipes levantado con dinero ficticio ha acabado desplomándose. Por el camino se han hecho multimillonarios unos cuantos listos que, he aquí el monumental engaño, son los mismos que anhelan los fondos públicos que volverán a llenar sus arcas vacías. Esos que ahora quieren que se abra un paréntesis en la economía de mercado.

Que se sepa, los bancos son propiedad de unos accionistas que año tras año, desde hace muchos, se han repartido dividendos astronómicos. ¿A dónde han ido a parar esos beneficios? En lugar de intervenir entidades ruinosas como se está haciendo ¿no sería más justo nacionalizar las propiedades de aquellos que en tiempos de bonanza se repartieron el botín (con minúscula)?

Por ahora, la única receta que la clase empresarial ha sugerido para salir del pozo es la “flexibilización del mercado laboral”, eufemismo recurrente cuyo significado se materializaba ayer mismo cuando supimos que en Barcelona habían enviado una carta de despido por “reiteradas faltas de asistencia” a una trabajadora que está en coma.

Los sindicatos, como si no fuera con ellos la cosa, en lugar de estar preparando una huelga general a escala planetaria, si no para impedir -algo imposible a estas alturas-, por lo menos sí para protestar por el expolio, tararean indolentes el éxito póstumo del gran Otis Redding: “Sentado en el muelle de la bahía viendo el tiempo pasar”. Silbidos. Está claro: se ha vuelto a poner de moda el soul.

José Ignacio Lapido. Artículo publicado en el diario Granada Hoy el 9 de octubre de 2008.

Extraído hace unos días del blog Reza lo que sepas.

 

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