TV party

 

Enciendo la grabadora y grabo:
Cerveza fresca en la nevera; en cualquier lugar del salón, una botella de licor. Me da igual que la vecina cante o se tire pedos, pongo mi música a buen volumen y bailo, me divierto o permanezco subido a una banqueta junto al tabique que da a su apartamento.
Su marido no está y yo lo sé de buena tinta, porque ella se ha encargado de ponerme al tanto de manera soterrada y descarada al mismo tiempo. Pero no me interesa, prefiero dedicarme a ver la televisión. No tengo ni play station ni nada parecido, ni me apetece jugar con tonterías de esas para críos. Enciendo la tele. Meso mi bigote y coqueteo con mi nariz mientras voy pasando de una cadena a otra. Miro y escucho: “Te lo digo en serio, Jack, algo está pasando ahí fuera…” “El Gobierno ha decidido aumentar los incentivos para…” “Pero Cristina, a nuestros amigos no les gusta el dul… “Degeneración de tu ejército y de tu nación”. Dan Lo que el viento se llevó y me pongo a verla.
Cambio a un programa concurso, pero no soporto al presentador; es, simple y llanamente, un imbécil. Otro programa, un informativo. Los nuevos presentadores me parecen sólo un par de bustos nerviosos, dotados de vida artificial, que se limitan a obedecer en cuerpo y alma a los que les han puesto ahí a trabajar y les han comprado e inculcado hasta el estilo de sus peinados, blusas y corbatas, así como una prosodia particular, maquinal y empresarial que supone una ignominia gigantesca para la condición humana a los ojos de un humanista de salón fantasma como yo. ¡Y pensar que la de presentador de informativos es una de esas profesiones que goza de “prestigio social”…! Me levanto: “¡Bastardos asquerosos!”, digo. “¡Cobardes esbirriados!” ¡Cipayos del poder!” “¿Habráse visto –digo- semejante caso de prostitución del alma humana?”. Me siento y digo “¡Cerdos!” mientras doy un puñetazo en el apoyabrazos del sofá y cambio de canal con la otra mano.
Vuelvo a Lo que el viento se llevó. Es una película de la que me gusta la brutalidad de los roles en los personajes y otras muchas cosas, pero necesita momentos especiales para verse, y me fastidia estar viéndola de corte en corte, me parece un despilfarro. Un trago.
Una calada.
Un trago. Un despilfarro. Es mejor buscar un programa. Pero cambio cada vez más rápido y vuelvo a constatar que no hay nada que soporte o que me interese del todo.
La vida pasa muy aprisa y yo no tengo tiempo que perder.
Apago la televisión. La casa queda en silencio mientras la tarde cae mansa en el tejado. Enciendo un cigarrillo y contemplo el tablero de ajedrez como si fuera Philip Marlowe, el detective de Raymond Chandler.
-Bienaventurados los mansos, pues heredarán el reino de los cielos – digo.
Y después me digo:
-Eres gilipollas.

 

Inedit (2003-2008)

 

2 comentarios

  1. “La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender. (…) Y este es el proceso del homo sapiensa al homo videns.
    Giovani Sartori.

    I liked this one, David. Abrazo desde acá.

  2. Gracias, Carla. Este es de la época en que escribí Terrorizer, pero lo dejé fuera porque no funcionaba y no encajaba. Hace poco lo he estado trabajando de nuevo y creo que ahora es lo que debe ser.
    Abrazo desde acá, andina.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: